miércoles, 9 de diciembre de 2009

VA ... DE PELOTAS


Va...de pelotas

¿Se han percatado Vds. de la cantidad de expresiones empleadas en el lenguaje futbolístico y que tienen claras connotaciones sexuales? ¿No? Quizá, yo sea lo que mis amigos han dado en llamar una ‘mente calenturienta’; pero, esa idea me persigue, ataca, acosa... Si no, vean, vean...


A mí me apasiona el fútbol. ¿Saben que en el fútbol abundan este tipo de expresiones erótico-festivas? Si no, explíquenme a que se refiere un locutor cuando dice: “... y el portero la sacó con gran precisión y puntería”. ¿Perdón? ¿Qué dice que sacó? ¿La pelota? ¿Es que ahora se llama así a la cosa? Y, encima, ese ‘cabrón’ lo hizo con precisión y potencia. ¡Joder!: con lo que me cuesta a mí poder sacarla una vez al año (¡miren lo que les digo!), y él la saca en el Camp Nou, ante cien mil espectadores, todos los fines de semana, y nadie se inmuta. ¡Increíble!


¡Claro! Y, cuando uno la saca..., es para meterla en algún lado. ¡Por supuesto! Ahí está otra vez ese locutor, de mente calenturienta (¡cómo no!), que suelta lo siguiente: “Va el delantero y, de potente disparo, la mete por toda la escuadra”. ¿Perdón? ¡Que hace qué? ¿Cómo que la mete de un potente disparo? ¡Joder!: ¡pues eso tiene que doler! Bueno, lo que no me extraña es que lo celebre; pero, ¿que lo celebremos los demás? ¿Tan desesperados (entiéndase, tan hambrientos y necesitados) estamos que saltamos de nuestros asientos diciendo: “¡Qué golazo ha metido!”; “Sí, señor!”; “¿Con dos cojones!” (hombre, claro; esto último es evidente? Lo que daría yo por estar en su piel..., ¡que me gasto la mitad de mi sueldo en películas porno! Ahora comprendo porque desde pequeño quise ser futbolista; aunque prefiero no pensar porqué mi madre también quería que yo fuera futbolista. ¡Ay, mamá, mamá!: ¡siempre pensando en lo mismo!; siempre pensando en lo mismo.


Sin embargo, el delantero no siempre es tan afortunado y la mete; pero, parece que ese locutor, en vez de sentirlo, se regodea de ello. Si no, yo no puedo entender porqué ese locutor de las ondas dice, al final del encuentro, eso de: “...y el delantero no mojó”. ¡Qué ser tan perverso, oye! ¡Que es una desgracia que tu equipo no moje! ¿Se imaginan Vds. que ese ‘ente’, ese ridículo espectador de la realidad, se hiciera eco de todas las veces que no llegamos a mojar el churro? ¡Sería la ostia! –“Este fin de semana, Toni tampoco mojó!”- ‘¿Serás cabrón? Pero, ¿qué te he hecho yo para que me trates así, jodido? ¡Así de bien te irá también a ti, perro! ¡Así de bien!


Pero, eso no es todo. ¡Ni mucho menos! Recuerdo una vez, durante la retransmisión de un partido, que el locutor achacó la falta de solvencia de los defensas del Barça a lo siguiente: “El problema es que Ferrer y Sergi no se corren por las bandas”. ¿Cómo? ¡Disculpe! Eso no es un problema, ésa es una suerte; porque ya me dirán Vds. cómo esos defensas iban a llegar al área contraria si se corrían por las bandas. ¿En qué estaba pensando el locutor, coño? ¿En qué coño estaría pensando el locutor?


No sé, no sé. Esto del sexo en el fútbol es un misterio sin resolver. Si no fuera así, que me expliquen cómo se podría comprender lo siguiente. “Y el defensa la sube por la banda”. ¡Coño! ¿Y los otros no se acojonan? ¡Vaya espectáculo! Imagínense ustedes que van a sus respectivos puestos de trabajo, y la suben por las escaleras. ¡Hombre, no! Si ya cuesta hoy en día conseguir un ejemplo, como para dar semejante espectáculo delante del jefe. Y piensen que, en vez de jefe, fuera jefa y les dijera: ¡Patético, hombre!; ¡patético! DES-PE-DI-DO. ¡Vaya putada!


No me gustaría terminar esta disquisición futbolística sin que se fijaran en un detalle: ¿por qué los comentaristas de fútbol se quejan de que cada vez se juegan más encuentros los domingos que los sábados y de que esto no debería ser así? Los sábados han sido, son y serán ‘el día del fornicio’ por excelencia. Y, claro, con todo lo expuesto hasta ahora, ¿hay alguien que todavía no piense que el fútbol es el mejor sustitutivo del sexo? ¡Así entiendo que a Vds. les guste el fútbol, jodidos! A mí también, hombre; ¡a mí, también!