miércoles, 9 de diciembre de 2009

SOBRE LAS VENTAJAS DE SALIR CON UN CONCEJAL


Sobre las ventajas de salir con un concejal

¿Han salido Vds. alguna vez con un concejal? Es curioso, pero yo salgo con uno; y, ¡no vean cómo me sonríe la vida! Antes de que mi amigo fuera concejal, por poner un ejemplo, nadie nos hacía ni puñetero caso. Ahora, tampoco y encima se cachondean de nosotros. Vas por la calle y te dicen: “¡Haz que el tren pase por mi casa, concejal!; “¡concejal: recupera el Concorde para que pueda desplazarme los fines de semana a la playa, sin colas (por cierto; no es por ser malo, pero ¿a qué tipo de colas se referirán?; porque, si es a las que yo pienso, ¡malo!)”. Es increíble, pero la gente se cree que por ser concejal te conviertes en un gilipollas .

¡Miren lo interesante que resulta salir con un concejal! Cuando mi amigo era una persona normal y corriente, nunca hablábamos de política. Ahora, en cambio, que sigue siendo un ser tan insignificante como antes, el único tema de conversación que tenemos es la evolución del plan urbanístico en nuestro pueblo. Si antes no nos comíamos una rosca, ahora nos vamos a comer el doble: ¡nada de nada!

Cuando eligieron a mi amigo concejal, yo estaba muy contento. Pensé: “las chicas, con eso de que tienes un colega en las altas cimas del poder, nos empezarán a acosar, perseguir y solicitar favores sexuales.” ¡Y un huevo! Éstas se han enterado de que hablábamos sobre los planes urbanísticos en nuestro pueblo y escapan de nosotros. ¡Manda muchos cojones!

Una de las cosas de las que me ha dado cuenta es ésta: desde que salgo con un concejal, me he vuelto un pedigüeño. Me explico: “¡Tío, que los policías me cosen a multas! Diles que soy un amiguete tuyo y que hagan la vista gorda”. “¡Oye, que no tengo pelas para pagarme los tragos! Coméntale al alcalde que, como sóis amiguetes, proponga en el siguiente pleno que los tragos sean gratis para el menda”. ¡Sí, sí!: pedir...pido, pero cuando mi colega se cruza por la calle con el alcalde, éste ni le conoce. ¡Hay que joderse!

¿Saben que mi madre está ilusionada porque tengo un amigo que es concejal? Me suele decir: “¡Hijo mío: ¿ves a dónde ha llegado tu amigo? ¿Y, tú? ¿A qué esperas? ¿Cuándo vas a espabilar? ¡Vergüenza te tenía que dar, hijo!”. Entonces, yo me pregunto: “¿Qué he hecho yo para merecerme esto? ¿Qué te he hecho yo, tío, para merecerme esto?”

En fin; como decía una gran sabia de nuestro tiempo, ‘la vida es una tómbola, tóm-, tóm-, tómbola...’ ¿Verdad? Soy amigo de un concejal y la vida me sonríe: las chicas pasan de mí, como antes; los temas de conversación de mi cuadrilla se han vuelto cada vez más interesantes; mi madre ya no me puede tragar... ‘¡Me cago en tó!’ Y, aún hay más: ¿saben que es lo mejor de todo? Que mi amigo se presentó como tercer suplente por la lista de su partido y, como es evidente, elegido no ha salido. ¡Qué mala suerte, hombre! ¡Qué mala suerte!