
Esas dichosas expresiones
¿Se han percatado de lo brutos que podemos llegar a ser al hablar? Es curioso, pero parece que algunas de las expresiones que empleamos para expresarnos están hechas con muy mala leche. ¿Que no me creen? Les voy a mentar sólo, como anticipo, dos de ellas -¡hay muchas más!-, y verán cómo estoy en lo cierto; si no, ¡que me capen! -bueno, eso dejémoslo para más tarde-.
Cuando alguna cosa nos sale mal, solemos expresar nuestro enfado mediante esta expresión: ‘Me voy a cagar en...’. Yo, sinceramente, me acojono al oír que un amigo me lo dice: ‘Me voy a cagar en ti y en tus muertos’. ¿Qué significa esto? ¿Que no hay un váter cerca y que se va a hacer las necesidades encima mío? ¡Será guarro! ¿Y, mi madre? ¿Qué culpa tiene? ¡Joder!: éste no debe tener problemas de hemorroides. ¿Y si ‘se caga en todos’? Esto ya puede resultar más que problemático porque tener que ir detrás de cada uno para hacérselo (las necesidades, se entiende) encima de ellos manda muchos huevos. ¿Se imaginan que al tío se le ocurra ‘cagarse’ en la fila de gente que está esperando conseguir una entrada para ver a los de O.T.? ¿No te jode? Ya me lo imagino yo, con los pantalones bajados, ante una cola (‘culo y colas; ¡siempre la misma paja!’) de más de mil personas, agachándose ante cada uno de ellos, para poder cumplir su promesa (la de cagarse en todo quisqui). ¡Vaya suerte para los vendedores de ambientadores! ¡Qué putada para los de Hemoal! –mal de muchos, ¿consuelo de ‘tontos’?- Bueno; y eso... si la gente se deja, que si tienes que ir tras ellos con los pantalones rozando el suelo, ya me dirás cómo lo haces.
Si curiosa resulta esta expresión, la que voy a mencionar ahora no se queda atrás. Supongan que están hablando con un amigo; éste te ha contado una bola y te la has creído del todo. Al percatarte de ello, vas y le sueltas lo siguiente: ‘tío, me la has metido hasta el fondo’. ¿Perdón? ¿Que te ha metido qué? Pero, ¿no estabais hablando? ¡Coño!: si cada vez que yo me equivoco me la meten hasta el fondo, hasta el vendedor de vaselina se va a arruinar. ¡Manda huevos, que acabo con el negocio de todos! ¿No sería más lógico que dijéramos algo así como ‘me has contado una mentira tan gorda (bueno, dejemos lo de ‘gorda’, que si no las cosa pueden ir a peor) que me la he creído’? ¿Es que tan desesperados estamos que debemos de metérsela al amigo para apaciguar nuestros instintos animales? ¡Qué mal andamos, señores!
¡Dichoso lenguaje! Primeramente, nos cagamos en todo(s) para, acto seguido, metérsela hasta el fondo. ¡Esto no puede ser, hombre! ¿No sería mejor que primero la metiéramos hasta el fondo para luego cagarnos...? Bueno; dejémoslo, que no vamos por la senda del Señor. El caso es que empleamos expresiones como éstas a diario y que nadie se percata de ello. O, ¿será que disfrutamos con ello? ¡Qué pillos!
