El sexo y la carretera
¿Se han preguntado Vds. en alguna ocasión cuáles son los motivos reales por los que se producen tantos accidentes de circulación en nuestras carreteras? El alcohol, las drogas... son factores de alto riesgo, que pueden llegar a desencadenar accidentes mortales; pero, ¿no han pensado que existan otras causas por las que llegan a ocurrir tales desgracias, y que ellos nos ocultan (‘Expediente X’)? ¡Ah! Pues, yo sí. Y, creo que he dado con una de ellos. ¿Cuál es? El sexo, por supuesto (‘vosotros también lo sabíais, ¡jodidos!’; pero, bien calladito que os lo teníais’). Yo, como modestamente soy un auténtico entendido en la materia -‘así me luce el pelo, claro’-, y podría estar días, semanas, meses, años... (bueno, ya será menos) hablando sobre ello, os voy a contar una sola de las muchas razones por las que el sexo puede incidir negativamente en nuestra manera de conducir. Veamos, veamos.
¿Quién, al realizar un viaje, no se ha perdido y ha tenido que preguntar por dónde se va a tal o cual sitio? Y, aquí viene el problema; porque si no, vean lo que te responden a preguntas como ésta: “Disculpe; creo que me he perdido”. Antes de proseguir con el tema en cuestión, es importante que nos demos cuenta de este extremo: nunca reconocemos que nos hemos perdido; ‘¡es que..., como siempre están en obras por esta puta carretera!’; ‘¡claro; te estás pintando los labios y me deslumbras!’; ‘¿no ves, mujer? Si no fuera porque tu hijo no para de molestarme...’. Es que, es lógico y comprensible: la culpa siempre la tienen los otros. Si no, díganselo a Amenábar, el director de cine, que menudo susto se llevó la Nicole Kidman en la película del mismo nombre. ¡Joder!: si estuvo a punto de dejar el cine y todo. ¡Manda narices, hombre! ¡Manda narices!
Volvamos al meollo de la cuestión. Nos hemos perdido (no lo reconocemos, pero es así). Y, entonces, le preguntamos a ese buen samaritano que encontramos en la carretera:
- “Por favor, ¿cómo podría ir -fíjense que en ningún momento admitimos que no sabemos dónde estamos- a Villaconejos (que con ese nombre me extraña que nos perdamos)?”
Y claro está, ¡aquí la hemos jodido! Porque ese buen hombre (‘sí, muy bueno; ¿no te jode?), ese buen hombre responde lo siguiente:
- “Sí, cómo no; es muy fácil (para ti que lo sabes sí, ¡mamonazo!; que mira que para mí..., y con ese nombre...)’. Y aquí viene el problema: tiene que salir de este pueblo y volver a la general. ¿Ve esa salida (tú te preguntas con asombro: ¿dónde?) Pues, ésa no es (¡qué pena!, con lo buena que está). Siga recto y a unos dos kilómetros (que al final son diez, ¡que te lo digo yo!) encontrará a mano izquierda (con tal que esté a mano, a mí me da igual) otra salida (¿otra más? ¡Es mi día de suerte!). Coja esa salida y volverá a la general. Luego, una vez puesto allí (ya estamos con las drogas; ¡abuelo: que no se puede estar todo el día fumado!), a unos cinco kilómetros (¡ja, ja!), hay una salida (y ya van tres) que marca ‘Villaconejos’. Sígala (¡no se preocupe, que lo haré encantado!) y ya no se perderá”.
Y tú, como te has quedado totalmente ‘a-no-na-da-do’ (vaya palabrita), sólo eres capaz de responderle eso de: “Gracias, hombre; gracias, que me ha alegrado el día (porque no ve la cara de la parienta; que si no...)”. Ahora entiendo yo porque se dice eso de que viajar es un placer; y, si vas solo..., muchísimo mejor, ¡no te fastidia!
Analicemos, por si alguien se ha quedado con dudas, lo que el buen hombre nos ha dicho. Vean, que éste alude a tres ‘salidas’. Y es que, ¡manda huevos, hombre! Tú, que ibas tan tranquilo (si exceptuamos a la mujer, los hijos, el equipaje, el calor...; y para de contar) por esa carretera (‘¡que conste que no me he perdido, joder!’); y, de repente, sin comerlo ni beberlo, tienes que coger tres salidas (y yo, que me gasto la mitad de mi sueldo en películas porno) para volver a la general (si es que el agotamiento no ha hecho mella en tu cuerpo; ¡que tres son muchas para ti...!, ¡que no estás habituado a tanto trajín, coño! –nunca mejor dicho). Y he aquí la moraleja: para regresar a la general (‘al camino recto al que nos conduce el Señor’, como diría ese sacerdote en la infumable homilía de los domingos; las de los otros días son igual de infumables, no vayan a pensar lo contrario) hay que escoger (a) la salida adecuada (“¡pequen hermanos, pequen!; ¡que la vida es corta! – a parte de la vida, otras cosas pueden llegar a ser... ‘cor-tas’). ¡Quién me lo iba a decir a estas alturas de mi vida! ¡Cómo no me habíais avisado antes, so cabrones! Cómo no me habíais avisado antes...
En resumen, la carretera muestra muchos peligros ante los que no debemos caer: el alcohol, las drogas, la velocidad en exceso, y el sexo. Sean prudentes y, cuando se pierdan, pregunten a la persona adecuada por la salida más conveniente. ‘Y, ¡no se exciten mucho, hermanos!; que llevar más de una cosa entre manos (el volante, hombre; ¿en qué estaban pensando?)..., puede afectar seriamente a la salud de la parienta que va a su lado, y a la de la suegra –aunque eso no nos preocupe tanto; ni lo primero, tampoco- que ocupa todo el asiento trasero (porque, ¿qué sería de un viaje sin la suegra? ¿Ya no sería lo mismo, cierto?). Como dice el señor que está dentro del surtidor de la gasolina –que deben ser muchos, según parece-: ‘Muchas gracias; buen viaje’.
2011-2012 IKASURTEA!!!
Hace 14 años
