
El pirata del CD
¿Quién no ha comprado en alguna ocasión un CD pirata? No voy a entrar en la polémica de si el negocio de la piratería es o no lícito. Lo que sí me interesa de este negocio es el siguiente aspecto: ¿por qué compramos CD’s piratas? Resulta evidente que el precio es una de las razones que nos lleva a inclinarnos por estos CD’s. Sin embargo, yo he analizado en profundidad el tema y he encontrado otros motivos. ¿Que no? Véanlo.
¿Han intentado abrir alguna vez el envoltorio de un CD original? Es una pasada. ¡Ni que tuvieras que hacer un cursillo! Cuando el CD cae en tus manos, lo primero es ver cómo nos las apañamos para abrirlo. Buscas con impaciencia la abertura que te permita realizar tal empresa; pero, no lo encuentras. Entonces, comienzas a entrar en un estado de angustia que hace que emplees tus uñas para intentar sacar el maldito plástico de ese CD. Como sigues sin poder abrirlo, en un estado ya de cólera absoluta, coges un objeto puntiagudo (cuchillo, tijeras...) y lo clavas en la caja, a ver si de una puñetera vez logras tu objetivo. Y, si aun así, permanece el CD en su plastiquito, como una virgen sin explorar, lo arrojas con todas tus fuerzas, enloquecido, al suelo y lo pisoteas hasta que la caja se rompe y puedes ya tener el CD en tus manos. ¡Ojo! Cuidado con esto, que no sería la primera vez que nuestro estado de locura nos lleva a cargarnos el compacto; entonces, adiós a quince euros. ¡Qué putada!
Con los compactos piratas no pasa esto. Según los coges en la mano, te das cuenta de que –‘¡aleluya!’- no llevan envoltorio. ¡Es la ostia! Por lo menos, piensas, ‘no me cargaré el CD’. Además, tienen otra ventaja: intentas abrir la caja y ésta se abre sola, que no tienes que hacer ningún tipo de esfuerzo para lograr tal propósito. En cambio, con los CD’s originales no ocurre eso. Si ya no te ha costado horrores sacarle el plastiquito al dichoso disco, ahora resulta que también tienes problemas para abrir la caja; es que, ¡algunas cajitas se las traen! Por mucho que lo intentas, están metidas a tal presión que el CD tampoco quiere salir. ¿A qué recurres entonces? Está claro: a pisotear la puta caja hasta que deje libre al pobre e indefenso compacto. Lógicamente, esto entraña el peligro de que vuelvas a cargarte el CD. Adiós, entonces, a otros quince euros; y ya van treinta, ¡que vaya forma más absurda de tirar el dinero! Bueno, como me lo regalan.
¿Y el espacio? ¿Se han fijado en qué cajitas vienen los CD’s piratas? Son tan estrechitas que apenas las notas (como las compresas). Además, como ya no cierran, te facilitan el trabajo. Las cajas de los compactos originales, en cambio, parecen mazacotes. Son anchas y de difícil apertura. ¡No les digo nada si contienen dos CD’s, o más! Entonces, tienes que quitar la cama de tu habitación para hacerles espacio. ¿Que exagero? Júntense con quince como éstos en su habitación y ya me dirán cómo entran. ¡Hagan la prueba!
Existe un último motivo para piratear un CD. ¿Han experimentado lo que se siente al tener una virgen entre tus manos? ¿No? Yo lo hago todos los días. “¡Qué suerte que tiene el cabrón!” - pensarán ustedes. ¡Sí, señores! Es enorme el placer que uno siente cuando desvirga un CD –‘¿en qué estabais pensando pillines? ¡Ya me gustaría a mí!-. Pillas entre tus manos un compacto sin estrenar y, unos diez minutos después, tras pasar por una grabadora, suena y todo. ¿Excitante, verdad? ¿Les recuerda a algo? ¡A mí también!
